Dos peras cuelgan pesadas de la rama; por encima de ellas se extienden hojas dentadas con nervaduras finamente dibujadas. Debajo, la ficha ordena la información: un corte transversal de la fruta con el corazón, una sola semilla, dos flores con estambres rojizos. «Pyrus communis» a la izquierda, «Poirier commun» a la derecha, sin nada superfluo entre medias. La lámina procede del «Nouveau Duhamel du Monceau», la gran obra francesa sobre los árboles y arbustos cultivados en Francia, basada en dibujos de Pierre-Joseph Redouté y Pancrace Bessa. Redouté está considerado el pintor de flores más importante de su época. Aquí se ve por qué: la representación es científicamente exacta y, sin embargo, sensual. Se aprecia el punteado de la cáscara del fruto, el brillo mate en la curvatura, la madera oscura de la rama. La botánica y el arte no se contraponen aquí. Se necesitan mutuamente.
La lámina está impresa en Leonardo, un lienzo satinado cuya fina trama aporta a el antiguo grabado un agradable toque de textura. En la esquina inferior derecha figura incluso la firma del grabador, «Jarry sculp.», claramente legible en minúsculas cursivas; uno se queda fijado en esos pequeños detalles, precisamente porque la impresión no los oculta. Alrededor de todo ello discurre «Sinead», un sencillo perfil en chapa de roble. En las esquinas, los ingletes encajan perfectamente; la veta de la chapa se extiende visiblemente a lo largo de los listones, a veces más densa, a veces más abierta. Sin florituras, sin biseles, solo madera con una superficie auténtica. En cuanto al color, el roble claro se sitúa exactamente entre el tono cálido del fondo de las hojas y el verde oliva de los frutos. Este tipo de impresiones no se realizan a toda prisa. Y es precisamente esta serenidad la que encaja con el motivo: un estudio botánico que se toma su tiempo -para el fruto, la flor y la semilla que hay entre ambos.