Dos jóvenes deportistas están uno junto al otro, de frente y erguidos, y ambos sostienen una copa. Sus manos y antebrazos la sujetan con firmeza; por lo demás, reina una quietud casi total: el movimiento parece haberse detenido. Es precisamente eso lo que me atrae: un motivo deportivo que no resulta estridente, que no narra la competición, sino que se centra en la postura y la concentración, casi como un estudio. Las camisetas negras y los pantalones blancos definen a las figuras en superficies claras, mientras que los cálidos tonos de la piel resaltan sobre el fondo marrón. El lienzo satinado «Leonardo» transmite bien este efecto, ya que la luz modela los hombros, los brazos y las piernas sin dramatismo exagerado y se conservan las suaves transiciones en la superficie. Incluso la copa metálica apenas aporta un toque sutil. Károly Ferenczy pintó este cuadro en 1915. Es una de las figuras más influyentes del modernismo húngaro y forma parte de la colonia de artistas de Nagybánya, donde el trabajo frente al motivo tiene gran importancia. También esta obra tardía es fruto de una observación minuciosa: cuerpos vigorosos, pero sin héroes. Ambos parecen más bien modelos; su cercanía resulta familiar, mientras que los rostros se mantienen serios y serenos.
El marco decorativo lo aporta aquí Fenja en dorado, un perfil de madera auténtica cuyo tono, en algunos matices, tiende casi al plateado. Aporta calidez a la imagen y algo más de presencia, sin eclipsar el pequeño motivo. La superficie del cuadro mide 25 x 36 centímetros; en formato vertical, la obra sigue siendo manejable, pero tampoco queda perdido al colgarlo en una pared despejada, ya que el perfil aumenta notablemente la silueta y sobresale claramente de la pared por los laterales. De este modo, la obra se percibe como un objeto sólido, no como una superficie impresa. Sin paspartú ni cristal, la representación comienza directamente en el estrecho borde interior; un bastidor tensa el lienzo de forma lisa detrás del perfil, y los bordes del motivo se extienden reflejados por los laterales. Al acercarse, la separación entre las camisetas oscuras se mantiene tan precisa como los suaves contornos de brazos y piernas. Al final, lo que queda grabado es este contraste: la tensión física en el agarre de la copa y, a su alrededor, un efecto visual de gran tranquilidad.