Dos puntos azules asoman de un rostro formado únicamente por finas líneas amarillas; junto a él, una mano roja que parece dibujada con tiza en una pizarra y cuya textura granulada se reproduce en la impresión hasta en cada uno de los dedos. Esta pequeña figura, situada en la parte inferior del cuadro, forma parte de «Fischzauber» (Magia de los peces), que Paul Klee pintó en 1925: una escena nocturna en la que peces de color rosa, naranja y azul flotan en un negro profundo, entre ellas, flores parecidas a anémonas marinas, una torre con un reloj, lunas y soles a la vez. Ya sea un mundo submarino, un cielo nocturno o un escenario, Klee lo deja abierto, y es precisamente esta ambigüedad lo que constituye el encanto del cuadro. Todo parece flotar y estar inmóvil al mismo tiempo. Klee, nacido en Suiza en 1879, impartía clases en la Bauhaus en aquella época; sus universos pictóricos oscilan entre un lenguaje de signos infantil y una composición construida con precisión, y «La magia de los peces» aúna ambos elementos: las figuras garabateadas y una red finamente equilibrada de diagonales y puntos de color que mantiene unido el fondo oscuro.
El motivo está ejecutado en un formato de 70 x 55 cm sobre «Leonardo», un lienzo con superficie satinada, y precisamente en este cuadro eso resulta muy acertado. El negro profundo permanece opaco y sin reflejos incluso con la luz incidiendo lateralmente, mientras que las zonas claras -la hoz naranja en el borde derecho, las motas amarillas sobre el fondo- presentan un brillo discreto que las hace destacar ligeramente de la superficie. Los reflejos no se depositan sobre el motivo como una molesta capa brillante, sino que se deslizan suavemente por la superficie; la oscuridad los absorbe y las islas de color los acogen. Un marco decorativo negro, Trina, con un perfil estrecho de 20 mm de ancho y 35 mm de altura, enmarca el lienzo; su perfil mate prolonga el negro del fondo de la imagen hasta la pared. Entre el borde del lienzo y la moldura del marco queda visible una estrecha franja de sombra que confiere a la imagen plana una profundidad perceptible. Antes de colgarla, no habría imaginado necesariamente que precisamente un marco tan discreto fuera el que mejor realzara este motivo polifónico, pero frente a la pared blanca encaja a la perfección.