Para la artista Beate Tubach, afincada en Zúrich, el acto de crear —ya sea a través de la pintura o utilizando una tableta gráfica— es más que un ejercicio técnico; es una forma de descodificar la luz y plasmarla en formas tangibles. Cada obra que crea resuena con una frecuencia única, capaz de elevar las vibraciones del espectador y crear una conexión mágica con lo desconocido. Este enfoque místico del arte subraya su deseo de ir más allá de los paradigmas tradicionales, explorando nuevas formas de expresión y territorios inexplorados.
Para la artista Beate Tubach, afincada en Zúrich, el acto de crear —ya sea a través de la pintura o utilizando una tableta gráfica— es más que un ejercicio técnico; es una forma de descodificar la luz y plasmarla en formas tangibles. Cada obra que crea resuena con una frecuencia única, capaz de elevar las vibraciones del espectador y crear una conexión mágica con lo desconocido. Este enfoque místico del arte subraya su deseo de ir más allá de los paradigmas tradicionales, explorando nuevas formas de expresión y territorios inexplorados.
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